Su cadáver calcinado fue hallado en la localidad atlántica
de General Juan Madariaga, dentro de un auto Ford Fiesta incendiado, con las
manos esposadas a la espalda y dos tiros en la cabeza.
Fue después de que tomara, para la revista Noticias, las
primeras fotos públicas del empresario Alfredo Yabrán, objeto de una
investigación periodística sobre la presunta implicación en casos de
corrupción.
El auto y la cobertura era compartida con el hoy presidente
del Foro por el Periodismo Argentino (FOPEA), periodista Gabriel Michi.
Política
El asesinato ocurrió durante la gobernación de Eduardo
Duhalde en la Provincia de Buenos Aires, y fue visto como un posible
"mensaje mafioso" de la policía de la provincia de Buenos Aires hacia
su gestión; "me tiraron un cadáver" declaró.
Por su parte el presidente Carlos Saúl Menem prometió
esclarecer el caso; sin embargo recibió fuertes críticas por la posible
complicidad en los presuntos negociados investigados. El caso tuvo muchísima
repercusión en la Argentina, donde Cabezas sigue siendo recordado.
Juicio y desarrollo
El 2 de febrero de 2000, en juicio oral y público, fueron
condenados a prisión perpetua los cuatro integrantes de la banda "Los
Horneros": Horacio Braga, José Auge, Sergio González y Héctor Retana, así
como a Gregorio Ríos, jefe de Seguridad de Yabrán, y los policías Sergio
Camaratta, Aníbal Luna y Gustavo Prellezo.
Destino de los
implicados:
Gustavo Prellezo, policía, fue condenado a perpetua pero, el
23 de septiembre de 2010 por cuestiones de salud, fue beneficiado con prisión
domiciliaria.
Miguel Retana, condenado, enfermo de SIDA, murió en prisión.
Sergio Camaratta y Aníbal Luna, ambos policías de Pinamar,
fueron condenados a prisión perpetua.
Gregorio Ríos, jefe de custodia de Alfredo Yabrán, fue
condenado como instigador del crimen y se le rechazó la excarcelación en
diciembre de 2006; su condena a perpetua cambió a 27 años, en su último período
en prisión domiciliaria.
José Luis Auge, condenado, fue liberado en 2004.
Sergio Gustavo González, condenado a cadena perpetua, fue
liberado hacia febrero de 2006 por reducción de pena a 20 años; tal reducción
habrá de ser revocada por la Corte Suprema de Justicia de Argentina.
Horacio Anselmo Braga fue condenado a 18 años y liberado el
25 de enero de 2007; varios factores influyeron: se benefició con el 2 por 1
(se computa doble cada año de proceso sin condena), obtuvo resultados
favorables en los informes psiquiátricos, presentó buena conducta, y pagó una
fianza de 20.000 pesos para salir de la Penitenciaría número 9. Ese día, 6.000
personas se juntaban en Pinamar para pedir justicia por Cabezas.
Alberto Gómez, (a) "la Liebre", comisario de
Pinamar, condenado por haber liberado la zona para que el crimen ocurriera.
Se revocó la libertad condicional de Auge, González y Braga
por haber violado sus términos: no se encontraban en los domicilios informados.
Bibliografía
Balmaceda, Oscar - Fernández Llorente, Antonio: El caso
Cabezas. Editorial Planeta, noviembre de 1997.
Dutil, Carlos - Ragendorfer, Ricardo: La Bonaerense.
Editorial Planeta, 1997.
Ricardo Enrique Bochini (Zárate, provincia de Buenos Aires,
Argentina, 25 de enero de 1954) Era el clásico número 10 y desempeñó toda su
carrera en el Club Atlético Independiente de la Primera División de Argentina
desde 1972 a
1991. Es considerado uno de los futbolistas más talentosos de toda la historia
del fútbol argentino. Integró el Seleccionado campeón del mundo en México 1986,
aunque sólo disputó unos minutos en la semifinal contra Bélgica.
Trayectoria
Ricardo comenzó a jugar en Belgrano de Zárate hasta que en
1971 fue aceptado por Nito Veiga y Ernesto Díaz para sumarlo a la séptima
división del Club Atlético Independiente Anteriormente había intentado entrar a
las inferiores de San Lorenzo (club del cual era fanático, al igual que su
familia), pero, por extrañas circunstancias, no pudo quedar. En su infancia
admiraba a jugadores como Sanfilippo, Rendo, Toti Veglio, Rojitas, y a
estrellas mundiales como Pelé 1
Debuto en primera división en 1972 en cancha de River Plate
cuando el técnico Pedro Dellacha lo hizo entrar a los 74 minutos (tenía en ese
momento 18 años). Desde entonces comenzó una larga carrera profesional que lo
convertiría en ídolo máximo de Independiente, incluyendo varios goles
espectaculares como el convertido contra Juventus de Italia en 1973, haciendo
paredes con su amigo Daniel Bertoni, que le permitiría a Club Atlético
Independiente ganar su primera Copa Intercontinental.
Su característica principal no fue la de ser un goleador,
sino la de asistir a sus compañeros con toques sutiles para que estos
conviertan. Aún hoy se suelen llamar en el fútbol argentino pases bochinescos a
los pases precisos que dejan al delantero mano a mano con el arquero, burlando
a toda la defensa. Eso ayudó a convertir en goleadores a una gran cantidad de
jugadores que tuvieron la suerte de tenerlo a su lado como Ruiz Moreno,
Norberto Outes, Daniel Astegiano, Marcelo Reggiardo, Carlos Alejandro Alfaro
Moreno, Martin Félix Ubaldi y Antonio Alzamendi, entre otros.
Sin embargo, el Bocha (apodo cariñoso que le dieron los
hinchas de Club Atlético Independiente) también convirtió goles que eran un
lujo para la vista y siempre en partidos importantes. Son recordados sus goles
a Peñarol en la Copa Libertadores de 1976 (un gol que reeditaría Maradona en
México 1986 contra Inglaterra), dos a Fillol de River Plate en la final del
Nacional 1978 o a Wirtz de emboquillada en un clásico contra Racing Club.
Quizás el gol más querido por los seguidores de Club Atlético Independiente que
haya hecho Bochini haya sido el del empate definitivo a 2 contra Talleres como
visitante, en la final del Nacional 1977. En ese partido, a su club le
expulsaron 3 jugadores y él debió empatar a puro coraje a escasos minutos del
fin del partido.
El Campeonato
Nacional 1977
A la final del Campeonato Nacional de 1977, accedieron Club
Atlético Independiente y Talleres de Córdoba. El partido de ida se jugó el día
21 de enero de 1978 en Avellaneda y terminó 1 a 1. El resultado parecía favorable a los
cordobeses, debido a que definían la serie de local y estaba estipulado que el
gol de visitante en caso de igualdad en puntos y diferencia de goles valdría
doble, por lo que con empatar 0
a 0 en el partido de vuelta, los albiazules se
consagrarían campeónes. "-Yo supe que el general Luciano Benjamín
Menéndez, que entonces era el gobernador de Córdoba, estaba muy interesado en
que Talleres saliera campeón. Y ese partido fue muy raro, muy raro…" dijo
tiempo después el principal protagonista de aquella noche, el “Bocha” Bochini. El
Rojo empezó ganando uno a cero con gol de Outes; pero a los 15’ del segundo tiempo, el
árbitro Barreiro cobró un dudoso penal a favor de Talleres que convirtió en gol
Cherini. A los 29’
todos los intereses en juego se hicieron más palpables cuando Bocanelli convierte
un gol que de dudoso no tenía nada, impactando la pelota sin la mínima sutileza
con su puño, lo que motivó que los jugadores de Independiente protestaran:
-Tengo dos hijos y esto me da vergüenza. Écheme-, dijo el capitán del equipo,
Rubén Galván. Barreiro le sacó la tarjeta roja. -Esto es una usurpación. ¿Por
qué no me echa a mí también?- dijo Omar Larrosa. El árbitro también lo echó. El
defensor Enzo Trossero se encargó de decirle de todo a quien esa noche era el
encargado de "administrar justicia". Barreiro también lo expulsó, y
los simpatizantes del Rojo gritaban: "Ladrones, ladrones, así salen
campeones" Quedaron solamente 8 jugadores de Independiente en cancha
contra los 11 de Talleres, contra el árbitro Barreiro, y contra el poder político
de turno, que no disimuló en ningún momento su simpatía por Talleres. Que lo
relate el "Bocha": -A los 38 minutos, Pagnanini me dejó la pelota en
el medio de la cancha. Gambeteé a uno, se la toqué a Bertoni, Bertoni se la dio
a Biondi, le salió Guibaudo, el arquero de ellos, y Biondi hizo una gambeta
larga para sí mismo, levantó la cabeza, me vio y me la tiró. Yo venía a la
carrera y, como había dos jugadores de ellos tapando el arco, le pegué bien
arriba. Entró ahí nomás, apenas debajo del travesaño", amargando la
premeditada fiesta. Aquel 25 de enero de 1978, Ricardo Enrique Bochini cumplió
24 años. Sus compañeros le dedicaron el campeonato. Al faltar 5 minutos sucedió
lo imprevisto, lo inesperado: porque el fútbol es, según el recordado Dante
Panzeri, “la dinámica de lo impensado”. Entre Bochini y Bertoni gestaron una
memorable jugada: doble pared y el Bocha que festeja su cumpleaños gritando un
gol.
Retiro
Su retiro se produjo el 5 de mayo de 1991, luego de sufrir
una seria lesión provocada por una falta de Pablo Erbín en el partido
Independiente 1 - Estudiantes de La Plata 1.
Conforma con Arsenio Erico y Miguel Ángel "Pepé"
Santoro un altar de ídolos del Club Atlético Independiente genuinamente amados
por absolutamente todos los hinchas de ese club. Cuando lo veían adentro o
afuera de una cancha, siempre estallaban los vítores de "¡Bo-chini!
¡Bo-chini!" alrededor suyo.
Luego de su retiro, Bochini continuó participando
activamente en el club como así también en partidos amistosos u homenajes. Fue
un verdadero crack del futbol.
Retorno
"simbólico"
El 25 de febrero de 2007, Bochini volvió a participar en un
partido oficial. Lo hizo durante 42 minutos para Barracas Bolívar, en un
encuentro correspondiente a la sexta fecha de la Zona 57 del Torneo del
Interior, quinta división del fútbol argentino.
El partido, en el que estaba en juego la clasificación del
equipo a la siguiente ronda, terminó con un resultado de 2 a1 a favor de la escuadra del
Bocha.
El súper 8 y su
retorno con la roja
Finalmente, el 19 de julio de 2009, se inauguró un Torneo de
Veteranos denominado Súper 8, en el cual participan 8 equipos que representan a
escuadras que participan en el Torneo de Primera División Argentina.
Precisamente, Ricardo Bochini volvió a vestir la camiseta de Independiente,
enfrentando en el partido inaugural al combinado de Boca Juniors. Bochini jugó
los 30' iniciales y se fue reemplazado a los 15' del segundo tiempo. Aquel
partido si bien lo ganó Boca Juniors por 2-0, significó el retorno de Bochini
con la camiseta del Rojo de Avellaneda.
Como homenaje, una
calle
El Concejo Deliberante de la ciudad de Avellaneda, en la
Provincia de Buenos Aires, hizo lugar a un pedido de un grupo de socios del
Club Atlético Independiente y decidió bautizar con el nombre "Ricardo Enrique
Bochini" un tramo de la calle Cordero (comprendido entre Alsina y las vías
del ferrocarril). Desde el 17 de julio de 2007, Bochini tiene calle, nada menos
que donde reside el estadio del club para el que jugó casi 20 años.
El Proyecto fue presentado por Javier Cantero y Jorge
Alonso, dos hinchas y socios del club Independiente, que cumplieron con la
gestión para persuadir a los Concejales del Honorable Concejo Deliberante de
Avellaneda y de esta manera homenajear al ídolo, que según los autores del Proyecto:
" es una parte importante de la cultura de Avellaneda".
Selección nacional
Participó con éxito en la primera selección que organizó
César Luis Menotti previa a la Copa del Mundo 1978, actuando en una gira por la
URSS y Polonia en partidos memorables bajo una intensa nevada. Luego de varias
lesiones, volvió a ser convocado en una serie de amistosos que se hicieron en
el estadio de Boca Juniors. Si bien se dice que Menotti pensaba convocarlo para
el equipo del mundial, la prensa presionó para que el convocado fuera Norberto
Alonso y así el Bocha quedó afuera de aquel magnífico equipo. Paradójicamente,
Alonso quedó lesionado y poco tuvo que ver con la consecución de la primera
Copa ganada por Argentina. En 1982, tampoco fue convocado a pesar de estar en
su mejor momento. Finalmente y por pedido expreso de Diego Maradona (ya que
Bochini era su ídolo), el Bocha fue convocado por Carlos Salvador Bilardo para
el mundial de 1986 e incluso pudo jugar unos pocos minutos (el mismísimo
Maradona le dijo al Bocha al ingresar éste al campo de juego la famosa frase
"Pase Maestro, lo estábamos esperando" y combinaron algunas paredes
que desordenaron la defensa rival), ingresando por Jorge Burruchaga cuando
faltaban pocos minutos para terminar el partido contra Bélgica.
martes, 22 de enero de 2013
Ricardo Darín
Ricardo Darín nació el 16 de enero de 1957 en Buenos Aires,
proveniente de una familia muy unida al mundo del espectáculo. Cuando cuenta
con diez años, Darín debuta en teatro junto a sus padres, Ricardo Darín y Renée
Roxana. Aunque cabe aclarar que a pesar de su notable labor, Darín nunca tomó
clases de teatro. A los dieciséis años consigue una estabilidad dentro del
mundo de la televisión argentina en programas como "Alta Comedia" o
"Estación Retiro". Bajo las órdenes de Alberto Migré, mayor
realizador argentino de telenovelas, consigue una popularidad considerable al
ser protagonista en varias de sus producciones.
En la década de los 80, y todavía junto a Migré, Darín salta
definitivamente a la fama como parte de los "galancitos", un grupo de
jóvenes actores que trasladaron éxitos televisivos al mundo del teatro. Los
galancitos cosechan una fama increíble y miles de seguidores se reparten por
toda Argentina, haciendo de cada representación un completo éxito. Lejos de
quedarse estancado en roles de galán, en los 90 cosecha su mayor triunfo en el
mundo de la televisión como cómico, compartiendo cartel junto a Luis Brandoni
en la serie "Mi cuñado", remake de una serie de la década de los 60.
A pesar de su trabajo constante en el mundo de la televisión,
Darín nunca abandona el teatro y sigue realizando obras como Sugar, Extraña
pareja, Taxi, Algo en común y Art. Entra discretamente en el mundo de la gran
pantalla apareciendo en películas destinadas, sobre todo, al público joven
tales como He nacido en la ribera, Así es la vida, La rabona, Los éxitos del
amor, La carpa del amor, La discoteca del amor o La canción de Buenos Aires.
Intenta un cambio hacia un registro dentro del mundo del cine y llegan nuevas
películas, El desquite, Revancha de un amigo o La Rosales, pero el verdadero
éxito de Darín tardaría algo más de tiempo en llegar.
La crítica se fija en Darín y lo alaba con su papel en el
film Perdido por perdido, dirigida por el debutante Alberto Lecchi. Más tarde
participa en El faro, de Eduardo Mignogna y protagoniza El mismo amor, la misma
lluvia de Juan José Campanella, siendo otra vez su papel digno de elogio. Pero
su salto definitivo lo consigue con su papel de Marcos, un ladrón de poca monta
en una Argentina que empieza a agonizar económicamente, en la película Nueve
reinas. Darín brilla enormemente en este film que co-protagoniza junto a Gastón
Pauls y consigue, finalmente, un nombre de peso dentro de la industria
cinematográfica argentina. Después del gran éxito de Nueve reinas Ricardo tiene
un pequeño, pero efectivo, papel en el 2001 de nuevo a las órdenes de Mignogna
en la película La fuga. Ese mismo año sería protagonista de El hijo de la
novia, junto a actores como Natalia Verbeke, Héctor Alterio o Norma Aleandro.
La película fue otro gran éxito de taquilla y crítica, llevándola a ser
nominada como "Mejor película de habla no inglesa" en la edición del
año 2002 de los Óscar.
En el 2004 actuó en Luna de Avellaneda tratando de rescatar
el club social y deportivo de sus padres y en el 2005 en El aura encarnó el rol
de un taxidermista con memoria fotográfica envuelto en un aprieto del cual no
quería formar parte.
En 2006 le fue concedida, junto a Juan José Campanella la
nacionalidad española por carta de naturaleza, una concesión especial del Reino
de España a personas de particulares méritos.
En 2007 participó de XXY, que lo muestra como el acomplejado
padre de una adolescente de quince años hermafrodita. El mismo año, protagoniza
y hace su debut como director con La señal, continuando el proyecto dejado a
medias por Eduardo Mignogna tras su fallecimiento.
En 2009 junto a Soledad Villamil y Guillermo Francella
protagoniza El secreto de sus ojos, película dramática de Juan José Campanella,
galardonada con el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa en la
emisión 82ª de los Academy Awards.
En 2010 se estrena Carancho, película que protagoniza junto
a Martina Gusmán bajo la dirección de Pablo Trapero, personificando a un
inescrupuloso abogado. Además volvió a trabajar con Susana Giménez para juntos
protagonizar una serie de comerciales de Frávega.
En 2011 protagoniza junto a Muriel Santa Ana e Ignacio
Huang, Un cuento chino, película de comedia dirigida por Sebastián Borensztein,
con un gran éxito de taquilla a pocos días del estreno. Este mismo año recibe
el Premio Konex de Platino al Mejor Actor de Cine y el Konex de Brillante a la
Mayor Figura del Espectáculo Argentino de la década 2001-2010.
domingo, 20 de enero de 2013
LA SALUD DE CHÁVEZ
La salud
del presidente Hugo Chávez es un secreto de estado. El gobierno venezolano
tiene un control hermético sobre toda la información. Dicho país apeló a lo
emotivo y lo utilizó como herramienta electoral en el contexto de mostrarlo al
primer mandatario, luchando ante la muerte. Además, existe una decisión
estructural de no contar lo que está sucediendo en realidad.
Chávez está
siendo tratado en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), el
mejor hospital de Cuba, donde se atienden todos los dirigentes cubanos,
incluyendo a Fidel y Raúl Castro, quienes tienen sus residencias en la misma
zona.
El
presidente tiene gran estima por los médicos cubanos que lo atienden desde su
primera operación en 2011. La mayoría de los médicos han pasado ya una
infinidad de controles y están, de forma permanente, bajo la lupa de los
servicios de seguridad.
Chávez se
atiende en Cuba porque ninguna clínica ni hospital venezolanos puede garantizar
el secreto profesional que existe en el país cubano.
También, en
el tratamiento del presidente no se escatiman recursos de ningún tipo, desde el
uso de las más avanzadas tecnologías, equipos y tratamientos hasta la
aplicación de medicinas naturales, producidas en la isla a partir de la flora y
la fauna local.
Existe tal
sintonía política entre ambos países que, mientras 37 mil médicos trabajan en
las zonas más pobres de Venezuela, a cambio Cuba recibe 100 mil barriles
diarios de petróleo.
Pero las
simpatías de los comunistas cubanos hacia Hugo Chávez van más allá de lo
meramente comercial. Comparten un proyecto común de integración latinoamericana
sin la presencia de Estados Unidos y forman el embrión del ALBA, que es una
organización que nuclea a 8 países, los cuales comercian con una moneda propia
y coordinan proyectos sociales, desarrollan el intercambio con facilidades
arancelarias, crearon un banco y empresas supranacionales.
La
situación de incertidumbre en todo el pueblo venezolano desde el 11 de
diciembre pasado, es total. La incredulidad se acentuó desde que el jueves 10
de enero Chávez no se hizo presente a la jura de su nuevo mandato. La presencia
de altos funcionarios venezolanos en La Habana profundiza los rumores de que la
salud del presidente sería más delicada de lo que dice el gobierno. Este estado
de duda se agudiza dado que aún se desconoce el tipo de cáncer que sufre, la
fase de la enfermedad, los órganos afectados y qué tipo de intervención se le
realizó en Cuba.
El gobierno
venezolano acarrea la imagen de un
“caudillismo” donde el ciudadano debe “santificar” a su líder. Se lo disfraza
de un demócrata genuino pero siempre manipuló la Constitución Nacional a su
antojo.
El pueblo
tiene el derecho a saber la verdad sobre el estado de salud de su presidente y
no es justo que se le mienta.
Maximiliano
Reimondi
domingo, 13 de enero de 2013
DARÍN Y SUS DICHOS
“La política es el
arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después
los remedios equivocados” (Groucho Marx)
La “ley de ética en el ejercicio de la función pública” fue
promulgada el 26 de octubre de 1999 (N°25.188), que establece los deberes,
prohibiciones e incompatibilidades aplicables, sin excepción, a todas las
personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y
jerarquías. Nunca fue respetada.
No deben sorprender las declaraciones del actor Ricardo
Darín. Está en todo su derecho. Cristina Fernández debe publicar su patrimonio
personal y debe explicar cómo lo logró.
Los negocios que hizo Néstor Kirchner siendo Presidente van
en contra la de la ley de ética. Darín no es opositor al gobierno nacional.
Sólo hace una crítica que es amparada por la ley. No debe hacer esas
declaraciones en los medios hegemónicos sino en todos, para ser más creíble.
Queda ridículo que se haga la víctima en la causa que lo complicó en la década
del ´90.
No sólo la Presidenta debe dar explicaciones sino muchos
políticos que se hicieron multimillonarios gracias a la actividad política. No
era necesario que la señora Fernández exponga su parecer públicamente. No debe
callarse pero la respuesta tiene que hacerse con prudencia política.
Con este hecho se armó un show mediático lamentable. El
grave error del cristinismo es no aceptar críticas. Eso no lo hacía su marido.
Cada funcionario público debe declarar su patrimonio
personal, explicando año por año sus negocios en el boletín oficial. Para eso
les pagamos el sueldo y no lo justifican.
Maximiliano Reimondi
Artigas
La versión popular de
la Revolución de Mayo
Pacho O'Donnell
Aunque la historiografía liberal insiste en recordar a José
Gervasio de Artigas como el artífice de la independencia de la República
Oriental del Uruguay, lo cierto es que, en realidad, el caudillo fue el
representante más vigoroso de un proyecto de organización federal, popular y
latinoamericanista para las Provincias Unidas del Río de la Plata, que en
tiempos de Mayo incluían los actuales territorios de la Argentina, Uruguay,
Bolivia y Paraguay. Su inflexible convicción lo enfrentó con el elitista y
extranjerizante unitarismo porteño que abogaba por la hegemonía del puerto
sobre las provincias. Férreo defensor del sufragio universal cuando ninguna
sociedad del planeta practicaba el voto popular, llevó a cabo la primera
reforma agraria de toda Latinoamérica.
La historia ha denominado “revolución” a las jornadas de
mayo de 1810, aunque no fueron en verdad una revolución porque les faltó el
protagonismo del pueblo. Este irrumpe en 1811, conmovido, turbulento, junto a
José Gervasio de Artigas, el primer revolucionario del Plata. Obligado a
combatir sin apoyo ni medios contra los colonialistas españoles y contra la
invasión portuguesa desde el Brasil alentada por Gran Bretaña, debió defenderse,
al mismo tiempo, de las tropas enviadas desde Buenos Aires y de las intrigas
urdidas por triunviros y directores supremos, que no dudaron en poner precio a
su cabeza.
Exiliado en Paraguay, el “Protector de los Pueblos Libres”
murió pobre, acallado su ideario por el centralismo triunfante, pero respetado
por San Martín y los caudillos provinciales y recordado siempre por su pueblo.
En este libro, Pacho O’Donnell nos devuelve la real
dimensión histórica de Artigas y recupera la plena vigencia de su pensamiento,
en tiempos en que la unidad latinoamericana es más que una esperanza. El
doloroso exilio del caudillo rioplatense parece, por fin, estar terminando.
Calificación:
Excelente
martes, 8 de enero de 2013
Kafka en la orilla
de Haruki Murakami
Género: novela
Edición original en japonés (2002)
Sinopsis
Kafka Tamura se va de casa el día en que cumple quince años.
La razón, si es que la hay, son las malas relaciones con su padre, un escultor
famoso convencido de que su hijo habrá de repetir el aciago sino del Edipo de
la tragedia clásica, y la sensación de vacío producida por la ausencia de su
madre y su hermana, a quienes apenas recuerda porque también se marcharon de
casa cuando era muy pequeño. El azar, o el destino, le llevarán al sur del
país, a Takamatsu, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y
conocerá a una misteriosa mujer mayor, tan mayor que podría ser su madre,
llamada Saeki.
Si sobre la vida de Kafka se cierne la tragedia (en el sentido
clásico), sobre la de Satoru Nakata ya se ha abatido (en el sentido real): de
niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un extraño accidente que lo
marcaría de por vida. En una excursión escolar por el bosque, él y sus
compañeros cayeron en coma; pero sólo Nakata salió con secuelas, sumido en una
especie de olvido de sí, con dificultades para expresarse y comunicarse...
salvo con los gatos. A los sesenta años, pobre y solitario, abandona Tokio tras
un oscuro incidente y emprende un viaje que le llevará a la biblioteca de
Takamatsu. Vidas y destinos se van entretejiendo en un curso inexorable que no
atiende a razones ni voluntades. Pero a veces hasta los oráculos se equivocan.
Crítica: por Maximiliano Reimondi
Calificación: Muy buena
Todo lo que el argumento de la novela tiene de desfachatado,
su estructura lo tiene de riguroso. En capítulos alternados con la terquedad de
un metrónomo, la novela cuenta dos historias que nunca se cruzan, y que sin
embargo –y éste es uno de los grandes temas del libro– se comunican de maneras
inconscientes.
“El mundo es una metáfora”, dice un personaje; y la
aclaración, en esta novela, es casi una redundancia. Sea como sea, la nueva
novela es un producto típico de la factoría Murakami: en ella hay gatos, largas
conversaciones sobre música y literatura –cátedras grandilocuentes que caminan
en la cuerda floja de la pedantería o de la ingenuidad o de ambas cosas a la
vez–, y personajes víctimas de perturbaciones pasadas y de masturbaciones
presentes. Quien la lea entrará en esta novela osada, esquizofrénica y a veces
conmovedora; quien no lo logre se quedará por fuera, repitiendo como la
señorita Saeki: “El hecho de escribir ha sido importante. Aunque lo que haya
escrito, como resultado, no tenga ningún sentido.”