martes, 9 de diciembre de 2014

Martín Gil


Fue abogado, político y prolífico escritor. Con una especial afición por la astronomía y la meteorología, actuó a principios del siglo XX tanto en Córdoba como en Buenos Aires.
Nació el 23 de octubre de 1868 en la ciudad mediterránea, tres años antes de la inauguración del Observatorio Nacional Argentino con SEDE en la misma.
Perteneciente a una familia con un buen pasar económico, hijo de Isaías Gil y Secundina Martínez Carranza. Su padre fue un importante abogado, profesor universitario, Diputado Nacional por Córdoba (1884-1888) y autor del proyecto de Ley Orgánica de los Tribunales y del Código de Procedimientos Civil y Comercial de la provincia de Santa Fe (1888).
Estudió abogacía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Se casó con Ernestina Centeno con la que tuvo cuatro hijos.
Durante la gobernación de Ramón J. Cárcano, entre los años 1913 y 1916, Martín Gil se desempeño como Ministro de Obras Públicas en la provincia de Córdoba, por el partido conservador “Concentración Popular”.
En 1924 fue elegido Senador Provincial y desde 1926 hasta 1930 fue Diputado Nacional por Córdoba por el Partido Demócrata.
Gil es un reconocido escritor. Abordó la literatura y la prosa costumbrista, de leve humor. Sus obras fueron: Modos de ver (1903), Agua Mansa (1905), Cosas de arriba (1909), Prosa Rural (1912), Celestes y Cósmicas (1917), Mirar desde arriba (1930), Un anillo desaparecido (1930), Milenios, Planetas y Petróleo (1936), además de un gran número de artículos publicados en diarios y revistas. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

Aficionado a la ciencia

Como aficionado de las ciencias del cielo y la atmósfera, se destacó por su labor como divulgador, produciendo numerosos artículos periodísticos sobre diversos temas y anunciando noticias de interés para el público. Tomó  especial notoriedad a PARTIR de 1907, año en que comienza a publicar regularmente en el periódico porteño “La Nación”.
Su excelente relación con la prensa llevó a que tanto en Córdoba como en Buenos Aires, fuera a quien se CONSULTABA por cuestiones astronómicas o meteorológicas, aún antes que al propio Observatorio Nacional Argentino (ONA) o la Oficina Meteorológica Argentina (OMA). Como ejemplo de esto, pueden señalarse varios artículos publicados en “Los Principios” de Córdoba, entre los cuales el más significativo es el del 25 de junio de 1923, titulado “Don Martín Gil nos habla del incendio observado en el cielo”, oportunidad en la que se lo CONSULTA sobre una noticia con origen en el Observatorio de La Plata, referido a la aparición de una nova, mostrando claramente que éste era el referente y no el Observatorio local. Sus artículos eran leídos y valorados en gran parte del país.

 Martín Gil no trabajó en el Observatorio Nacional

Algunos autores han señalado incorrectamente que cumplió tareas en el ONA. No existe ninguna referencia a M. Gil en los libros de sueldos, ni en los copiadores existentes en la institución. Además, la lectura de la correspondencia entre Perrine – George E. Hale deja en claro que no trabajó en el observatorio.
La confusión probablemente parte de su gran presencia en los medios de prensa de la época, los que con frecuencia mezclaban los dichos de Gil con la información dada por el ONA. Muestra de esto es la nota aparecida en “Los Principios”, el 24 de octubre de 1926, referida al 55 aniversario del Observatorio, en la que se incluye una fotografía de Martín Gil entre las de los directores y empleados de la institución. El propio Martín Gil toleraba esa errónea situación.

El observatorio

Martín Gil instaló en su vivienda, ubicada en Av. Argentina 104, un pequeño observatorio, con una cúpula giratoria que daba cobijo a un refractor Zeiss con objetivo triplete de 180 milímetros de diámetro y 2.540 mm de distancia focal. Contaba con montura ecuatorial y sistema de seguimiento – controlado por un regulador de fuerza centrífuga –, además de diversos accesorios: helioscopio de un prisma, espectroscopio estelar, ASÍ como varios filtros. Se trataba de un telescopio muy considerable para la época.


                                                               Maximiliano Reimondi
JULIO PAYRÓ



Julio E. Payró (1899-1971)

Nació el 9 de diciembre de 1899. Fue un humanista del arte, un intelectual preocupado por estimular el amor de las cosas bellas. En sus libros, indagó en el arte del siglo XX y trazó semblanzas admirables de artistas como Cézanne, Gauguin y Van Gogh, a los que calificó de héroes del color.
La adolescencia y la juventud de Julio E. Payró, de cuyo nacimiento se cumplirá un siglo el próximo jueves, coincidieron con uno de los períodos más creativos de la cultura occidental. Revolucionarios movimientos de vanguardia se propusieron conmover los fundamentos seculares de la pintura y la escultura. Payró vivió en Barcelona y luego en Bruselas, y regresó a la Argentina en 1927, luego de veinte años fértiles pero también terribles. Allí estudió, se inició como pintor y adquirió consumado conocimiento de las artes plásticas, en las que llegó a destacarse como un maestro.
Hijo de Roberto J. Payró, uno de los escritores argentinos más importantes, narrador, dramaturgo y sobresaliente redactor de La Nación, tuvo a su lado ricas experiencias de cultura y fortalecedores ejemplos de laboriosidad y entereza. Fue una herencia que Julio Payró guardaba con orgullo. Le tocó pasar con su familia los años de la Primera Guerra Mundial y sufrir los atropellos y las penurias de la invasión alemana en la ocupada Bruselas.
De regreso en Buenos Aires, el rechazo de uno de sus cuadros en el Salón Nacional lo resolvió a dedicarse al estudio y a la enseñanza. Resultado de esa actividad intelectual fueron sus libros -alrededor de treinta-, copiosos artículos (muchos de ellos publicados en Sur) y una intensa labor docente en institutos de arte y en la Universidad de Buenos Aires, en cuya Facultad de Filosofía y Letras logró fundar la carrera de Historia de las Artes. Su magisterio, en el libro y la cátedra, en el país y en el extranjero, le ganó muchas y principales distinciones.
Su erudición en materia de arte se fortificó gracias a su propia experiencia de pintor y de perspicaz contemplador. Los museos europeos fueron en tal sentido ámbitos irremplazables que ilustraron fundamentalmente sus cuantiosas lecturas. Pero no fue un especialista para especialistas, sino un humanista del arte, un intelectual preocupado por estimular el amor de las cosas bellas y por llegar al hombre culto para abrirle nuevos caminos en su apreciación artística. Su vocación docente lo impulsaba a ello con la mayor eficacia.
Payró fue un excelente escritor. Tenía la preocupación del adjetivo preciso y armonioso, y consiguió forjar un estilo artístico acorde con la índole de sus temas. Su libro Héroes del color, sobre Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Seurat, atrae tanto por sus análisis como por la vivacidad con que se refiere a las obras y a la personalidad de esos "héroes del color", señalando un vínculo aleccionador entre vida y obra. Los pintores mencionados fueron para Payró reformadores del impresionismo, precursores de la pintura del siglo XX y "señalaron el camino de un arte decididamente no-naturalista".
Pero además de ser un erudito conocedor del arte de esta centuria, en la que reservó un lugar destacado a los argentinos y latinoamericanos, fue un pensador que se empeñó en indagar "el estilo del siglo XX". Tal es el título de un libro póstumo, aparecido en 1980, resultado de sus meditaciones encaminadas a hallar los rasgos distintivos del arte contemporáneo. Se aplicó a descubrir el estilo de un determinado artista y, asimismo, el estilo de una época, que el artista refleja o interpreta.
No existía para él "una sola forma correcta e invariable de esculpir y de pintar". Las "representaciones pictóricas, según las épocas y las civilizaciones, han sido minuciosamente imitativas y realistas, o bien esquemáticas, o geométricas, o deformadas, o abstractas o puramente simbólicas". "Todos los grandes pintores del siglo XX, en todas partes del mundo, realizan obra subjetiva, desdeñan en mayor o menor grado la verosimilitud de las apariencias, construyen con trazos o formas vigorosamente afirmados, excluyen del lienzo todo lo superfluo y lo accesorio, ciñéndose a lo esencial, y utilizan el color -no adulterado por mezclas que lo desvirtúan o ensucian- como fuerza de choque psíquico; para crear un estado de ánimo, un clima emotivo".
Payró distinguió en el arte fuerzas optimistas y fuerzas pesimistas y observó que las tendencias pictóricas optimistas se aproximan a la síntesis de lo racional-fantástico. En cambio, "las escuelas pesimistas rechazan los imperativos mentales y se abandonan a los estimulantes de la pasión o la sensualidad". Los libros de Payró, los dedicados a un autor y los abarcadores, como historia gráfica del arte universal, perfecta síntesis del arte occidental, pueden aprovecharse como obras de consulta y gustarse como serias y placenteras semblanzas de artistas, en las que el autor sabe subrayar el esfuerzo de la voluntad humana para vencer obstáculos, y la apasionada busca de una belleza inédita. Esta actitud formaba parte de la entrañable herencia espiritual de su padre, Roberto J. Payró, cuyo más valioso tesoro fueron la ética y la confianza en esas fuerzas optimistas en las que el hijo vio uno de los motores del arte. .


Por Jorge Cruz Para La Nación - BUENOS AIRES, 1999
Pablo Iglesias Possé


Pablo Iglesias Possé (Ferrol, La Coruña, 18 de octubre de 1850 – Madrid, 9 de diciembre de 1925)
Hijo de Pedro Iglesias y de Juana Possé, después de la muerte de su padre, Pablo, su hermano menor, Manuel (que más tarde moriría de tuberculosis), y su madre se marcharon a Madrid. El viaje lo hicieron a pie su madre y él, mientras que su hermano pequeño fue enviado con antelación. Al llegar a Madrid, donde esperaban acogerse a la ayuda de un familiar, el hermano de su madre que trabajaba en esa ciudad, se encontraron que éste había fallecido y estaban desamparados. Se instalaron en una buhardilla en el número 8 de la calle de la Morería. Apenas un año después de su llegada a Madrid, Pablo fue internado en el Real Hospicio General de Pobres del Ave María y Santo Rey Don Fernando. Este hecho afectaría fuertemente a su salud y le condicionaría para el resto de su vida, sufriendo gran número de achaques heredados de las duras condiciones de su infancia. Allí aprendió el oficio de tipógrafo, al comenzar a colaborar desde 1861 en la elaboración del periódico matutino La Iberia, que circulaba desde el año 1854. Allí también entabló relación con Augusto Burgos, redactor y colaborador en revistas como Revista Mensual de Agricultura, El Fomento, Miscelánea o el Boletín de Agricultura, Industria y Comercio. Burgos incluso propuso la adopción de Pablo Iglesias, pero la fuerte relación del joven con su madre lo impidió.
La Navidad de 1862, el joven Pablo, se escapó a ver a su madre a la pequeña buhardilla de la calle Morería, lo que le supuso fuertes castigos, ya que la elaboración de la revista en el hospicio impedía abandonar el centro durante esos días a los muchachos que trabajaban como tipógrafos y aprendices. Este episodio en su vida, fue clave para el devenir del líder obrero. Apenas un año después, el 23 de mayo de 1863, fue dado de baja en el registro del hospicio tras escaparse una vez que adquirió la habilidad necesaria para mantener a su familia. Acabando sus estudios primarios y de tipografía, entró a trabajar en una imprenta a la vez que asistía a clases nocturnas de francés pagadas por él mismo.

Juventud

Comenzó a trabajar en una imprenta situada entre Ancha de San Bernardo y la Calle del Álamo, frente a la universidad. En esta imprenta se llevaba a cabo el Diario Universal, aparecido el 2 de enero de 1863. Pasando por otras pequeñas imprentas madrileñas. Donde tras años de trabajo consigue desarrollar un círculo de compañeros que quedará definitivamente cerrado tras el ingreso de Pablo Iglesias en la sección de tipógrafos de la Federación Madrileña de la Internacional. Durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). Comienza su formación de tipo autodidacta. La precariedad constante en la que vivía junto a su familia debido al pequeño salario de aprendiz de tipógrafo, no le permitían acudir a las constantes tertulias como si lo hacían tipógrafos asentados. Aun así, comenzó a asistir a las charlas académicas impartidas en los locales del Colegio Internacional o el de San Carlos, donde escuchó a Francisco Giner de los Ríos o a Miguel Echegaray y Raimundo Fernández Villaverde. No obstante, Joan Serrallonga ha admitido que no será esta la verdadera formación del joven tipógrafo, sino que irá llegando progresivamente a lo largo de las relaciones y lecturas que entablará a lo largo de las últimas tres décadas del siglo XIX. La asistencia de Pablo Iglesias a las clases impulsadas por el ministro Manuel Zorrilla Ruíz en los locales pertenecientes al Ministerio de Fomento, dotarían a Pablo Iglesias de las herramientas necesarias para la articulación de sus pensamientos. Si bien es cierto, no se llevaba a cabo una enseñanza reglada, se abordaban gran diversidad de temas y grados de comprensión, incluyendo los elementos más básicos del lenguaje francés.

Inicios de la militancia

Uno de los hitos en la vida de Pablo Iglesias llegará el día 26 de junio 1870, momento en el cual los tipógrafos madrileños le elegirán junto a otros dos compañeros, como delegado al consejo local de la AIT. Apenas un año después, aparecerá el PRIMER escrito de su autoría en el boletín Solidaridad titulado «La Guerra». Un alegato al pacifismo que ha pasado a la historia del socialismo español no sólo por ser el PRIMER texto publicado por Pablo Iglesias, sino por ser uno de los primeros artículos críticos con la idea de la guerra y las repercusiones que con ellas sufría el Estado y la Clase Trabajadora. En 1874 fue elegido a la presidencia de la Asociación General del Arte de Imprimir.
Serán estos años de persecución y violencia, como la acaecida contra la reunión de los internacionalistas, encontrándose en ella Pablo Iglesias, el día 2 de mayo en el Café Internacional. Este suceso, orquestado y tolerado por el Ministerio de Gobernación, hizo comprender a las sociedades obreras, que la postura sería muy dura contra ellos. Será durante estos años, cuando aparezca el periódico semanal; La Emancipación, que servirá como nexo a los grupos obreros madrileños, editado en sus primeros momentos desde Lisboa, debido a la represión que se estaba desarrollando contra la Internacional.
El ascenso al poder de Sagasta en 1881 será clave para el endurecimiento del control sobre las organizaciones obreras pertenecientes a la Internacional, sólo defendidas en las Cortes por Pi i Margall. Pero el movimiento de las tesis obreristas se hará imparable con el establecimiento de Paul Lafargue, teórico revolucionario marxista y médico. Casado con la hija de Karl Marx, Laura Marx. A partir de este momento. Pablo Iglesias iniciará correspondencia con Friedrich Engels. Serán los años que fragüen el Ideal del Partido Socialista Obrero.

La fundación del partido y el sindicato obreros

Tras su ingreso en la Federación Madrileña de la AIT, comenzó a sufrir persecuciones y despidos por parte de distintas imprentas hasta que en 1874 consiguió acceder a la presidencia de la Asociación General del Arte de Imprimir. Desde este puesto comenzó a preparar desde la clandestinidad un nuevo partido político de corte obrero-socialista, que culminó el 2 de mayo de 1879 con la fundación del PSOE en la taberna Casa Labra situada en la Calle Tetuan, a la que asistieron 25 compañeros: dieciséis tipógrafos, cuatro médicos, un doctor, dos joyeros, un marmolista y un zapatero.
Llevó una vida de gran austeridad, identificado con la pobreza de la clase trabajadora de aquellos años. Durante un tiempo, llegó a vivir en la redacción de El Socialista, órgano de expresión del partido obrero y que sirvió para articular el socialismo español en los años de surgimiento. Con frecuencia este fue su único salario. Su única afición era la zarzuela, que al parecer cantaba con arte. No se casó, aunque sí tuvo una pareja femenina, cuyo hijo fue para él como un hijo propio.
En 1885, tras abandonar la presidencia de la Asociación General del Arte de Imprimir consiguió el máximo puesto en la Federación Tipográfica Española. El 12 de mayo de 1886 sale a la luz el primer número de El Socialista, revista de corte obrero-sindicalista fundada por él mismo y que se continúa editando en la actualidad. En 1888 fundó la Unión General de Trabajadores, accediendo a su presidencia en 1889. Este mismo año acudió al Congreso fundacional de la Segunda Internacional como representante portavoz del PSOE.
En 1890 encabezó la primera manifestación del 1 de mayo en España, en que se exigía la jornada laboral de 8 horas y el cese del empleo de niños en actividades laborales. También en ese año celebró el II Congreso del PSOE, en que se decidió participar en las elecciones como partido republicano de corte obrero-socialista. De hecho en las elecciones de 1905 Pablo Iglesias, Largo Caballero y García Ormaechea salieron elegidos concejales por Madrid.
En 1908 fundó la Casa del Pueblo de Madrid. En 1909 fue detenido 18 días en relación con los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona, al firmar un manifiesto convocando a la huelga general.
En 1910 el PSOE consiguió su primer diputado de la historia en el Parlamento Español, cuyo sillón ocupó Iglesias y en sucesivas elecciones, en coalición con los republicanos, fue incrementándose el número de representantes. En 1919 cesó parcialmente de sus obligaciones políticas a causa de una pulmonía y una salud cada vez más resentida.
En 1920 y 1921 el PSOE sufrió la escisión de dos grupos partidarios de adherirse a la Internacional Comunista (III Internacional) convocada por Lenin. Estos grupos (Partido Comunista Español y Partido Comunista Obrero Español, descontentos con la moderación del PSOE), acabaron fundando el Partido Comunista de España.
El 9 de diciembre de 1925 falleció en Madrid y su cadáver fue embalsamado y expuesto en la Capilla de la Casa del Pueblo de Madrid. 150.000 ciudadanos acudieron a su funeral.

                                                                               Maximiliano Reimondi

                 
Kirk Douglas


Issur Danilovich Demsky (Ámsterdam, del Estado de Nueva York, 9 de diciembre de 1916)
Sus padres eran judíos bielorrusos, origen que le produjo inconvenientes por la influencia del macarthismo dentro y fuera de su profesión.
Desde pequeño destacó en los deportes, en especial en lucha libre, desarrollando su físico, y en las funciones de actor, donde gustaba tanto dirigir como actuar.
Se graduó en letras en la Universidad de St. Lawrence. Después marchó a Nueva York, donde consiguió una beca en la Academia Norteamericana de Arte Dramático, lugar en el que permaneció hasta 1939, con 23 años de edad.
En 1941 debutó, gracias a Lauren Bacall (que entonces iniciaba su carrera), en los escenarios teatrales de Broadway, pero luego fue llamado al servicio militar en la Armada de los Estados Unidos, que cumplió en 1942-1943, durante la Segunda Guerra Mundial, para después regresar a Broadway.
Al ser licenciado con honores, volvió a Nueva York y en casa de una amiga hojeó una revista de modelos, donde aparecía una hermosa modelo y actriz llamada Diana Dill, la cual acabaría por ser su esposa en 1943, y con la que tendría dos hijos: Michael y Joel.

Camino al estrellato

En 1947, a los 30 años de edad, y ya con una cierta fama cosechada en Broadway, Lewis Milestone le propone como PRIMER actor en el film El extraño amor de Martha Ivers, donde se revela como un actor de carácter.
En 1949 interpreta a un boxeador en la película El ídolo de barro, de M. Robson, donde por su realista interpretación es nominado al Óscar al mejor actor.
Kirk se hizo conocido por su temperamental carácter y sus ideas de izquierdas, que le granjearon enemistades dentro de la alta cúpula de Hollywood.
En 1951, Diana Douglas solicitó el divorcio a Kirk Douglas, debido a las incontables infidelidades del actor, que eran además públicas. No obstante, siempre mantuvieron una excelente relación amistosa y él le concedió a ella una pensión acomodada. En 1954 Douglas se casa por segunda vez con Anne Buydens, quien le da otros dos hijos.

Actor consagrado

Fue nominado en tres ocasiones para un premio Óscar de la Academia, aunque nunca lo ganó debido a sus tendencias izquierdistas conocidas; sin embargo, fue galardonado en 1996 con un Oscar honorífico por sus 50 años de dedicación a la industria del cine.
Muchos filmes que realizó son épicos, pero la más famosa y destacable es su actuación en Espartaco, de Stanley Kubrick, junto con las no menos magistrales actuaciones de Peter Ustinov, Charles Laughton y Jean Simmons. Las interpretaciones de Kirk Douglas son intensas y convincentes.
Otra de sus famosas actuaciones y para la que fue nominado para Mejor Actor por tercera vez fue en El loco del pelo rojo, donde caracteriza al pintor Vincent Van Gogh y donde actuó Anthony Quinn. Curiosamente, Quinn sí ganó la estatuilla, como Mejor Actor secundario, por unos pocos minutos de actuación; ese fue un golpe bajo para Douglas.
Su fama es comparable a la de actores como Sir Laurence Olivier y Anthony Quinn. Dio a cada uno de sus filmes una marca distintiva donde la fuerza de sus actuaciones daba a cada film un renombre. Además codirigió varias películas y sostuvo un singular pleito con Stanley Kubrick por la producción de algunas de sus películas, lo que le restó fuerza en Hollywood y de hecho le sesgó en todas las nominaciones a premios.
Intervino tanto en comedias como en dramas y ha encarnado personajes duros pero de fondo muy vulnerable: El ídolo de barro (M. Robson, 1949), Brigada 21 (W. Wyler, 1951), Cautivos del mal (V. Minnelli, 1952), Otra ciudad, otra ley (J. Kanew, 1986), Oscar (J. Landis, 1991), Diamonds (1999). Ha participado en numerosas producciones para televisión y en 1988 publicó su autobiografía (El hijo del trapero).
Es uno de los actores más longevos de Hollywood. En 1991 sobrevivió a un accidente en helicóptero en el que fallecieron dos personas. En 1994 le sobrevino una trombosis leve que le provocó serios problemas psicomotores (paraplejia). A pesar de ello, habitualmente se le ve junto a su hijo Michael Douglas en algunos eventos del medio.


                                                                   Maximiliano Reimondi

domingo, 7 de diciembre de 2014

El sol camina sobre los huesos del cielo
en la cámara subterránea, se producen gestos
las bocas de la tierra ya son hormigueros.

Cesa el camino: comienza el lenguaje.
Y la lengua se desata como la sombra que,
al congregarse  bajo
el vertical límite saliente de la boca,
esparce su ser de tinta
en las arrugas de la mesa gastada.

Quizás la mesa es un ente
donde las mariposas untan su lengua
con una palabra preparada en esa cavidad.

Reyes, cementerio y saliva,
yo esgrimía luces de antaño, mis dientes mordían sus letras de agua:
era cristiano, judío y levita por los murales de occidente.


                                                                         Maximiliano Reimondi
Lucio Meléndez



Lucio Meléndez (1844, La Rioja Argentina - 7 de diciembre de 1901, Adrogué, Buenos Aires)
Lucio Meléndez nació el 2 de marzo de 1844 en la ciudad de La Rioja, Argentina, hijo del matrimonio formado por José Reyes Meléndez, chileno, y Loreto Herrera, dama de la sociedad riojana. Su padre falleció siendo él muy pequeño.
Hizo sus estudios secundarios en la provincia de Córdoba y, en 1863, se mudó a la ciudad de Buenos Aires. Allí se graduó en la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires en el año 1872.

Trayectoria

Participó en la guerra contra Paraguay como flebotomista y médico general, y luego tuvo que participar en los servicios de asistencia pública obligados por las epidemias de cólera y fiebre amarilla de 1869 y 1871. También fue médico de las cárceles.
En 1875 fue nombrado profesor sustituto de Clínica de las Enfermedades de la Piel y Sifilíticas. En 1876 fue nombrado catedrático sustituto de Nosografía Quirúrgica. Su primer trabajo clínico, un caso de locura por anemia cerebral, fue publicado en 1876. Ese mismo año fue nombrado Director Administrador del Hospicio de las Mercedes, uno de los primeros hospitales porteños y la principal institución psiquiátrica de la Argentina, que había sido fundado a fines del año 1865. Dicho momento concuerda con el nacimiento de lo que se dio en denominar «matriz disciplinar psiquiátrica» en la ciudad de Buenos Aires, en pleno siglo XIX.
Hasta ese momento, el hospicio, a decir de Meléndez, era un «depósito de seres humanos, sumidos en la más espantosa miseria» con «calabozos húmedos, oscuros y pestíferos, sin otra cama que el desnudo y frío suelo» en los que yacían, «aglomerados, los pobres alienados». Meléndez, siguiendo las enseñanzas de Esquirol y Pinel, intentó convertirlo en un asilo de caridad. Meléndez empezó a publicar sus sus primeros casos en la Revista Médico Quirúrgica, inaugurando, de este modo, «una nueva experiencia de la locura».
Su método de trabajo eran la estadística epidemiológica, la observación, la comparación rigurosa de los casos clínicos y la investigación terapéutica. Hasta el momento en que él asumió como director, los elementos terapéuticos con los que contaban los médicos se reducían a la sangría, el sedal, los revulsivos cutáneos y el opio. Los alienados permanecían encadenados y durante la noche encerrados bajo llave, cuando todo el personal se retiraba. Meléndez, al mejor estilo Pinel, les quitó las cadenas a los enfermos mentales e inauguró un nuevo ciclo en la historia de la psiquiatría moderna, intentando el tratamiento moral. Meléndez fue el artífice de la ampliación de los pabellones y las mejoras en la calidad de vida de los pacientes, y el primero en llevar una estadística de los internos.
Lucio Meléndez comenzó, en 1876, un proceso de reformas fundamentales en el campo de la psiquiatría argentina. Dado que, alrededor de 1884, los inmigrantes constituían las dos terceras partes del total de internados en los hospicios de la ciudad, Meléndez se dedicó a estudiar los problemas mentales, producto de la inmigración masiva, que recibía el país en esa época. Su interés se centraba en encontrar soluciones a implementar, desde el estado, en materia de salud pública. Se interesó por el problema de la alienación y la locura.
Meléndez fue muy prestigioso y reconocido por sus colegas argentinos e internacionalmente, teniendo sus ideas gran difusión. Meléndez cambio en la imagen de los manicomios y convirtió el hospicio en un espacio de alojamiento para los enfermos mentales bajo el amparo de la ley que los protegía y los asemejaba a menores de edad. Fue uno de los creadores del «complejo institucional de control de la locura» en el siglo XIX.
Lucio Meléndez utilizaba el hospital como sitio para enseñanza de la Universidad de Buenos Aires, en la cual era el profesor Titular de la Cátedra de Enfermedades Mentales de la Facultad de Medicina de la U.B.A, desde 1886. Dejó el cargo de director del hospicio en el año 1892 y en 1893 se jubiló de la docencia universitaria.
Meléndez se encargó de afirmar la idea de la importancia de la herencia en la patología mental y de sentar como norma para los estudios psiquiátricos en la práctica de la medicina forense. Formó parte de la más importante camada de científicos del pensamiento posivista argentino de la segunda mitad del siglo XIX.
Perteneció al «núcleo selecto de los encargados de estudiar y tratar la locura en Buenos Aires» y a los creadores del «primer esbozo de una nosografía psiquiátrica en Argentina».
En su doble condición de Profesor de la Cátedra de Patología Mental y Director del Hospicio de las Mercedes –a la sazón principal institución psiquiátrica del país– Meléndez representó la figura paradigmática del alienismo argentino de la segunda mitad del siglo pasado.
Meléndez es considerado «el primer gran clínico de la locura y el principal promotor de la secuestración del alienado para que los recursos terapéuticos médicos y morales pudieran llevarse a cabo correctamente». Fue el primer médico forense psiquiátrico reconcido como tal en la Argentina. Fue también un prolífico escritor. Compuso más de 110 trabajos especializados y colaboró durante años de los Anales del Círculo Médico Argentino y de la Revista Médica Quirúrgica.
Tanto en el hospital, como en la facultad, lo sustituyó su discípulo, el doctor Domingo Cabred.


                                                                                       Maximiliano Reimondi

viernes, 5 de diciembre de 2014

José Carreras



Josep María Carreras i Coll (5 de diciembre de 1946, Barcelona)
Carreras demostró sus aptitudes musicales desde niño. Cantaba a los pasajeros del buque en el cual se trasladó a Buenos Aires, donde vivió con su familia en 1951, en la localidad de Villa Ballester, por un año, regresando luego con la misma a España. A la edad de 8 años realizó su primera actuación en público al cantar La donna è mobile en la radio española. A los once años apareció por primera vez en el Liceo barcelonés como un joven soprano en el papel de narrador de la ópera de Manuel de Falla El retablo de Maese Pedro y en un pequeño papel en el segundo acto de La Bohème.
Durante su adolescencia, Carreras había estudiado química antes de estudiar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. Debutó en 1970 en Barcelona como Ismael en Nabucco y en la ópera Norma, llamando la atención de la soprano Montserrat Caballé, que protagonizaba la obra. Caballé le invitó a cantar en la producción Lucrezia Borgia, el primer gran éxito de Carreras. Volvió a cantar con Caballé en 1971 interpretando Maria Stuarda en Londres. Los dos cantantes han coincidido en diversas obras con posterioridad.
En 1972 debutó en los Estados Unidos en el papel de Pinkerton de Madama Butterfly. En 1973 debutó en Londres, y en 1974 en Viena interpretando La Traviata. A los 28 años, Carreras había cantado ya 24 óperas diferentes. En 1978 interpretó Don Carlo en el Festival de Salzburgo, bajo la dirección de Karajan.
En 1973 debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires como Alfredo en La Traviata; volvió al Colón en 1987 para un recital junto a Agnes Baltsa.
En 1984 graba la "versión operística" de West Side Story en el papel de Tony al lado de la soprano Kiri Te Kanawa, versión compuesta y dirigida por Leonard Bernstein. Esta versión tuvo un premio Grammy en 1985.
En 1984 recibió la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña.
En 1986 debuta como actor interpretando al tenor Julián Gayarre en la película Romanza final (Gayarre), dirigida por José María Forqué.
José Carreras con un expaciente de leucemia durante la presentación de la campaña de sensibilización de 2009.
En 1987, cuando se encontraba en la cumbre de su carrera, le fue diagnosticada una leucemia linfoblástica y los médicos le dieron pocas posibilidades de sobrevivir. Tras duros tratamientos que incluyeron radioterapia y quimioterapia, y un autotrasplante de médula, Carreras pudo reanudar su trayectoria artística. En 1988 fundó la Fundación Josep Carreras contra la leucemia, una organización que apoya económicamente la investigación contra la leucemia y que mantiene un banco de donantes de médula ósea.
En 1990, José Carreras debuta internacionalmente en el Concierto de Los Tres Tenores, realizado en las Termas de Caracalla, junto con Plácido Domingo y Luciano Pavarotti. En 1991 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
El 13 de septiembre de 2002 inauguró en San Juan de Alicante una plaza en homenaje a la labor realizada en la lucha contra la leucemia.
El 22 de septiembre de 2006 inauguró en Fuenlabrada un teatro que lleva su nombre.
El 17 de junio de 2008 celebró un acto en el Teatro del Liceo de Barcelona con motivo de sus cincuenta años desde su debut en ese escenario lírico.

Discografía

Ha grabado principalmente para Philips Classics diversas óperas: L'elisir d'amore, Lucia di Lammermoor, La Juive, Tosca, La Bohème, Samson et Dalila, Un ballo in maschera, La battaglia di Legnano, Il corsaro, Un giorno di regno, Stiffelio e Il trovatore.
Igualmente, grabó un disco de canciones napolitanas, con la Orquesta de Cámara Inglesa, dirigida por Muller, y otro de canciones españolas, con Martin Katz al piano.
En total, existen más de 120 grabaciones oficiales incluyendo óperas completas, además de canciones populares, clásicos del cine, canciones de Navidad, música ligera, sacra, musicales de Lloyd Webber, tango, misas y oratorios. En dichos discos, lo podremos escuchar en español, portugués, catalán, inglés, italiano, alemán, francés, chino, japonés, coreano, etc.

                                                                     Maximiliano Reimondi