miércoles, 18 de septiembre de 2013

LEY DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL


Creo que a la nueva ley hay que analizarla más allá de nuestra opinión sobre el actual gobierno. Muchos piensan que esta es una “ley K”. No es así. Estoy a favor de la ley. Existen muchos mitos, originados por las corporaciones que saben que con la nueva ley, se terminan los grandes negociados que les posibilitó la década del ´90. En todo esto no hay una disputa entre dos partes. No se reemplaza un monopolio por otro. La ley no establece eso ya que establece máximo de licencias de medios para una misma empresa en determinada área. Además, no tiene restricciones acerca de qué instituciones pueden acceder a una licencia. Antes de la ley, el Comfer era manejado por una sola persona, designada en un 100% por el Poder Ejecutivo. Eso es reemplazado por una “autoridad de aplicación” formada por miembros del poder ejecutivo, diputados, y controlada por una comisión de representantes de las provincias, de universidades, y hasta un miembro representante de los pueblos originarios.
El grupo Clarín afirma que la ley es un invento a las apuradas de este gobierno. Esta ley es el resultado de un largo proceso que se inicia en la propuesta espontánea de ONGs y asociaciones que se juntaron en la Coalición para una radiodifusión democrática. Este colectivo generó 21 puntos que, para ellos, debería contemplar una nueva ley de radiodifusión. El gobierno luego publicó un proyecto inicial y a lo largo de meses recibió sugerencias y comentarios, para luego crear un segundo proyecto de ley que es el que se envió el 28 de agosto de 2009 al Congreso. Además, esta ley fue una promesa de campaña de Cristina Fernández.
Esta es una ley antimonopolio, y si Clarín es el más afectado lo es por su posición casi monopólica (que hasta la oposición reconoce). Es cierto que la ley es parte de una situación de conflictos particulares, pero en cuestión de leyes las situaciones pasan y los textos quedan.
La realidad tiene entonces la consistencia de una novela en la que días antes de su publicación le exigen al autor borrar todas las escenas en las que aparece un personaje. ¿Qué queda? Y entonces, como una de esas películas con giro brusco al final que te hace reensamblar pedazos de realidad en una nueva trama, deberemos repensar nuestra historia ahora tomando en cuenta a este actor “ausente”.
Y por eso el sueño de los que están algo más despiertos es que despertemos, y veamos cómo es la realidad.  Como fue, como vino siendo. Que una nueva ley nos de una nueva luz que alumbre a los políticos, a su corrupción y a sus aciertos. Que la multiplicidad de ojos cancele la borrachera en la que hasta ahora tuvimos que vivir. En Argentina y en el mundo, es fundamental la democratización de los medios de comunicación. Sin esto, caeríamos en una demagogia. Es sospechosa la actitud de la Corte de convocar a una audiencia pública, para discutir la ley. Eso es lo que quería Magnetto. Y lo más indignante es que tendremos que esperar hasta después de las elecciones para que la Corte dicte su fallo. No soy optimista con la decisión final.



                                                                        Maximiliano Reimondi

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