viernes, 19 de octubre de 2012


                                   LA PROYECCIÓN DEL ESPEJO





¿Qué es el tiempo? Estoy frente al espejo y puedo ver a mi otro yo que se ríe. No es sencillo

pero descubro la proyección de este espejo. Me doy cuenta que no me acuerdo de nada. La

memoria es una parte muy chiquita del alma. El resto hace que no me acuerde de nada.

Tomemos el caso de mi lóbulo izquierdo. Es el que no me funciona. ¿Cuántos lóbulos pueden

crecer a través de otros? Ahora veo la proyección de mi otro yo, que se proyecta a través de

los vidrios de la ventana. Llevo los ojos hacia el cielo raso que está lleno de sombras.

¿Cuántas sombras vacías van hacia la ventana? Por eso digo que el presente es en gran parte

el pasado, que el tiempo se confunde en la luz de la memoria.

¿Quién era yo? A ver, tengo 50 años y…que más…Ahora veo la sombra de mi espejo que se

ríe y se agranda sobre el vidrio de la ventana. Éste la pasa al espejo y, por casualidad, corre

hacia la puerta de calle.

¿Esta es mi casa, no? Por eso estoy acá. Es difícil cuando funciona sólo un hemisferio del

cerebro. ¿Estoy solo? Veo esa sombra que se hamaca en la ventana, se acerca, se desnuda y

va al baño.

Tiene un cuerpo deslumbrante. Sus senos braman de pasión. ¿Tengo 50 años? Otra sombra

está a mi lado y se esconde en el espejo. Todo es muy extraño. Me mira, sonríe y se saca el

pantalón. Va hacia el baño. Sombra…Sombras…Una sombra…Dos sombras…Se miran en el

espejo…No, una…No, dos…Ah, a una la conozco. Pero no me acuerdo el nombre. Ella me dijo

que me quería mucho…

La mesa redonda, el living. Allí hay dos libros. Uno de Freud y otro de Sartre. La sombra sale

del baño y me provoca. Me muestra su vagina tan delicada. Corre hacia mí y rompe mi camisa.

Me lame las orejas y sus formas se agrandan proporcionalmente, sobre los vidrios opacos de la

ventana.

En ese momento, otra sombra grita ¡Ahora! y se divide. Pienso que el ahora es una mujer que

se está vistiendo y no sé quién es. Mientras tanto, otras sombras se pasean por la habitación.

Se miran al espejo al igual que yo.

Esto es como si lo hubiera vivido. Es algo muy complejo. No sé si estoy realmente despierto.

Atrás, tengo una imagen borrosa y doy vuelta la cabeza. Veo al chico que fui hace cuarenta

años. Además, veo otras dos sombras que se esconden en las cortinas.

El último resplandor de la tarde penetra en la habitación, a través del espejo. Entonces, veo

que los sillones están vacíos, abandonados, forrados en azul. Pienso: “¿Qué hago acá? No

recuerdo mi nombre pero sé que tengo cincuenta años. Pero nada más…

¿Por qué esa mujer tiene los brazos alzados y se toca el cabello? Se lo echa atrás mientras se

mira en el espejo. Es terrible pero esas dos sombras la rodean y dicen que es un recuerdo

perdido.

Ahora, los sillones están llenos de gente y una mujer me sonríe y está cagando en el espejo.

Me miro en el espejo y el espejo me muestra un vacío inquietante. Atrás hay un resplandor

opaco que proyecta días terribles de invierno, donde la luz es débil. Ahora, acá adentro, está

nublado porque el sol odia a esta casa.

Tengo puesta una remera blanca. Mi pelo es blanco y se confunde con la imagen del espejo.

Hay una mano que suelta un arco iris sobre mi piel curtida, llena de heridas. Tengo los brazos

apoyados en el lavatorio. No sé qué hora es. No sé si estoy en el presente o en el pasado o en

el futuro. No sé cómo me llamo ni dónde estoy. Pero sé que tengo cincuenta años. Hago un

movimiento de cabeza y un gesto amargo.

Me veo en el espejo pero no veo nada. Tengo que ponerme de acuerdo porque esa mujer, ¿es

una mujer o es una sombra? Si es una mujer, la conozco y recuerdo que la amé. El amor se

proyecta sobre el espejo y nace una sombra que amé, de ahí, nace otra sombra y otra sombra

y otra sombra…Puedo escuchar el ruido de las sombras. Estoy parado frente al espejo durante

horas, hamacándome para recordar.

La cabeza reclinada sobre el hombro. Miro un punto vacío del espejo. Allí se proyecta una

habitación llena de libros que caminan sobre el piso de madera, pateando huesos.

¿Cómo me llamo? El espejo me llama y aparece una mujer que me observa cuidadosamente.

Me da besos envueltos en chocolate y me escribe cartas que tira al suelo. Se arrodilla y

lloramos juntos. Va hacia la ventana, mira el atardecer y la última luz salta en el espejo.

El espejo grita eufórico: ¡Tiempo! Tira una soga y le hace varios nudos. La soga se proyecta

sobre la habitación y forma una cruz que reclama vida.

Todo está oscuro. ¿Todo? Me parece que afuera es de día y adentro es de noche. Una mano

toca el espejo y alcanza un libro. Se desprende una sombra que me susurra al oído: Ella se

fue.

Amanece en el espejo. Fluye leche y miel. Inunda mi ser. Una niebla me cubre y me río a

carcajadas. Recuerdo que ella iluminaba árboles debajo del agua. Sus ramas eran libros que

escupían huesos. Esos huesos eran los de un niño de diez años.

Cierro los ojos y veo una imagen blanca que es la nada. La nada flota en mis ojos. El blanco se

refriega en mi cerebro. El cerebro abre la boca y exhala una imagen que se refleja en el espejo.

Mis huesos se ríen y bailan con sus manos color negro.

Sólo recuerdo que tengo cincuenta años. Esos años que abrazan mis oídos. Los oídos

escupen soles y planetas y me preguntan: ¿Qué es el tiempo?

Frunzo el entrecejo y me quedo pensando…



                                                                               Maximiliano Reimondi

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