domingo, 16 de diciembre de 2012


                                                                COSA DE LOCOS


                                                     



¿Qué es la locura para ciertos casos? ¿Quién puede definir a la locura y quién
no? Lo que voy a contar es, totalmente, una cosa de locos. Ese día, el pianista daba vueltas, muy nervioso, por todo el teatro. Observaba cada resquicio del mismo. Pero el centro de su mirada estaba puesta en el escenario. Miraba, orgulloso, el piano de cola, heredado de su abuelo paterno que había sido restaurado por el luthier Thomas Hanson.
Le parecía una verdadera obra de arte cómo había quedado. Brillaba con un lustre negro impecable. Y mucho más, con todas las luces y focos encendidos del teatro. En el escenario se mostraba lujoso. Williams Simons estaba concentradísimo para la función de esa noche. Era su debut en las tablas.
Esa mañana, se tomó un respiro y salió a caminar y despejar su mente por el
Central Park, pensando en las melodías que ejecutaría esa misma noche.
Estaba tan abstraído en sus pensamientos que tropezó con un ciego y este se cayó. En consecuencia, el lazarillo, furioso, lo mordió en la pierna y Simons le pegó tal patada en la cabeza al pobre perro que lo dejó desmayado. La gente comenzó a gritar, reprochándole tan abominable actitud. Williams Simons salió corriendo y se detuvo a las treinta cuadras.
A causa del cansancio, se sentó en un banco de una plaza, le pidió perdón a
Dios y rezó siete Padre Nuestro y siete Ave María. Luego, comenzó a recordar
a su maestro de piano Henry Parson. Este vivía en la elegante zona del East
Side.

Su primera clase fue cuando tenía ocho años. ¡Cómo olvidarla! Cuando el profesor le enseñó las primeras notas como do-re-mi-fa-sol-la-si, el niño se entusiasmó tanto en apretar las teclas, que estas saltaron y cayeron a través de la ventana. Parson sufrió un ataque de asma e histeria que casi muere de un infarto súbito. Luego, recuperándose lentamente, pudo musitar:<<Perdón a Mozart y Beethoven>>.
Además, el profesor era un hombre casi millonario y muy famoso. Le encantaba coleccionar alacranes y salir a recorrer las calles de Nueva York con su Mercedes Benz. Este era último modelo y cero kilómetro. Le causaba placer hacerlo por el Bronx, para humillar a los negros. Un día, dos jóvenes le tiraron dos grandes piedras que se estrellaron en el parabrisas. Una esquirla del vidrio cortó la frente de Henry. Al detener el auto, Parson recibió tal golpiza que aún en el día de hoy tiene la secuela de haber quedado manco.
A partir de de ahí, lo único que le quedaba era caminar y en medio de las veredas, se detenía y cantaba, a viva voz, el Ave María. En una oportunidad, un sacerdote se detuvo a su lado y le comentó que probara con el Aleluya, ya que con la otra canción desafinaba terriblemente. Henry lo pensó y a partir de ahí comenzó a entonar El Cantar de Los Cantares de la Biblia. A pesar de todo, era un hombre de gran ingenio, inteligencia, excentricidad e hipocresía.
En otra ocasión, el profesor salió a hacer compras patinando en medio de las calles de Broadway, haciendo zigzag entre los autos y llevando un changuito con un casco que le había regalado su hermano, para Navidad. Pero, a las tres cuadras, en una equivocadísima maniobra, se estrelló contra una columna de alumbrado público y comenzó a gritar:<<¡Quiero que venga mi mamá!>>.
Retornando a nuestro protagonista, debemos decir que él era un joven calvo a causa del día que Reagan se convirtió en presidente de los Estados Unidos. En esos tiempos, tenía veinticuatro años de edad. En otra de las clases con su maestro, este lo retó tanto que Williams destrozó el piano en mil pedazos al igual que todas las partituras, con un hacha que había conseguido en el jardín de la casa. Luego de tal cometido, cantó una marcha fúnebre, mientras que Parson buscaba una soga para ahorcarse en el árbol más alto del patio.
A los dieciséis años, Simons conoció a una jovencita que siempre vestía una túnica, atada con un cinturón negro de gamuza, acompañada con sandalias de cuero marrón. Esto fue lo que le atrajo a primera vista y decidió conocerla con más profundidad. Al hacerlo, notó que poseía una inteligencia prodigiosa, una personalidad muy persuasiva, deliciosa y sensual. A su vez, era muy culta y poseía un gran sentido del humor. Un trauma la perseguía desde su infancia, cuando en una pelea con su hermano mayor, sufrió un ataque cerebral cuando él le mostró una foto de John Wayne desnudo.
La relación, entre ellos, era cada vez más intensa. Ella lucía una piel de porcelana, cabello castaño, piernas largas y una figura llena de curvas. Con todo esto, Simons se colocaba un babero cuando le daba un beso o tocaba su cuerpo. En su primera relación sexual, el joven pudo comprobar algo muy extraño. Antes de hacer el amor, ella se comía un pomo de dentífrico y dos bananas. Luego, se sorprendió que estando en la cama era una yarará. Lo hacían a oscuras porque ella le decía que la luz del velador le arruinaba los lentes de contacto. De esta manera, él nunca pudo apreciar su cuerpo desnudo. El caso es, que con esta exigencia, Williams se mostraba conforme y satisfecho.
A pesar de todo, sus amigos prefirieron presentarle otras mujeres. Su relación con Sharon terminó a causa de que ella le regaló un libro de Stephen King. Al recibirlo, él lo tiró desde el octavo piso, con tan mala fortuna que el ejemplar golpeó en la cabeza de un anciano que circulaba por la vereda. El hombre quedó desmayado al instante. Fue auxiliado, de forma urgente, por la gente que pasaba por allí. Al volver en sí, y ver el libro al lado suyo, el anciano observó la tapa y comentó:<<¡Justo este es el libro que me faltaba en mi colección privada de King; no puedo creer que Dios me lo haya regalado desde el cielo!>>. Y salió dando saltos de euforia, revoleando su bastón negro, ante la atónita mirada de todos, incluso del propio Williams Simons.
Luego de esa fracasada relación, el muchacho se sentía un desgraciado y muy solo, en el fondo de su ser. Noches y noches de soledad le indujeron a reflexionar sobre la famosísima relación de Elizabeth Taylor y Richard Burton. Fue ahí que comenzó a beber dos botellas de vodka por día y a drogarse con cocaína.
Recordó el matrimonio ejemplar de sus padres y se puso muy triste y muy melancólico cuando recordó la primera vez que se masturbó, robándole una película pornográfica a su hermano mayor. En consecuencia, decidió comenzar terapia con un psicólogo altamente reconocido. Al relatarle lo que le pasaba, el Licenciado Queens llegó a una conclusión clara:
-Usted padece una neurosis leve. Creo que debe madurar más y sentar cabeza. Además, usted no es ninguna belleza para que las mujeres anden detrás suyo.
Al escuchar esto, el pianista, ofendidísimo e irritado, le partió una silla en la cabeza. Le robó quinientos dólares mientras el profesional manoteaba el teléfono para llamar a una prostituta.
Unos meses después, Williams conoció a una estudiante de teatro. Podríamos decir que esta mujer le cambió, momentáneamente, la vida. Su nombre era Marlene Currie. Era culta, irónica, gran conocedora de la obra de Los Tres Chiflados y de la literatura inglesa. La virtud deportiva que poseía era que era una excelente tiradora de dardos. Al principio de la relación, juntos lograban proezas sexuales que ríanse del kamasutra.
Una mañana, Simons estaba desayunando un suculento guiso de lentejas y leyendo un cuento del Pato Donald. Su pareja le preguntó de qué signo era en el zodíaco. Él se enfureció de tal manera que le agarró un ataque de pánico, derribó la mesa y comenzó a aullar como un lobo en celo. La relación comenzó a empeorar cuando, una tarde, él la sorprendió leyendo el Rider’s Digest.
Williams sufrió otra situación traumática, cuando quiso tener relaciones sexuales con una prostituta. Al entrar al prostíbulo, tomó el ascensor y este se trabó en el tercer piso. Como era claustrofóbico, le agarró un ataque que lo hizo saltar durante las cuatro horas que permaneció encerrado. Se fracturó la mano izquierda de tanto golpear el botón de la alarma. La madama y una de las prostitutas lo liberaron de tal odisea. De ahí, corrió al hospital más cercano mientras blasfemaba por su maldita suerte. Fue enyesado y el médico le recetó unos calmantes para mitigar los fuertes dolores.
Al llegar a casa, le mintió a Marlene, contándole que había sido objeto de un asalto y que le habían robado la billetera vacía y una manzana verde que tenía en uno de sus bolsillos. Ella le creyó y aceptó la historia con total ingenuidad.
Con el transcurrir de los meses, él ya no la deseaba. Sintiéndose totalmente fracasado, contempló la posibilidad del suicidio. Quiso tirarse del balcón.
Cuando saltó, rebotó en el toldo de la verdulería y cayó parado, sin siquiera sufrir un rasguño. Al contemplar los resultados, dio dos vueltas carnero y comenzó a chupar un hueso que estaba tirado a su lado, También, probó con una escopeta comprada de contrabando. Intentó dispararse en la sien. Pero en el momento de disparar, se puso tan pálido y nervioso que su pulso falló y el disparo fue a parar al techo al cual agujereó. Así, mató al caniche de su vecina del piso superior.
Finalmente, al desistir de tales locuras y volver a querer a vivir la plenitud de la vida, conoció a una azafata llamada Grace. Ella tenía una pierna ortopédica al sufrir un accidente cuando pateó, sin querer una bocha de bowling. Era joven, tenía silueta lisa y su acento mexicano le recordó las aventuras de Pancho Villa. De esta manera, ella lo sedujo. Una noche, luego de salir del cine y haber visto dibujos animados, ella le preguntó de qué signo del zodíaco era.



                                                                              Maximiliano Reimondi


                                                                                            






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