martes, 27 de agosto de 2013

LOS ECONOMISTAS



En la Argentina, hombres de negocios dedicados a comercializar información económica hicieron tantos o más papelones que los economistas del Fondo Monetario Internacional. Uno de los más notorios fue con el precio de la soja. En la última mitad de 2011 pronosticaban la caída del valor de la oleaginosa. La realidad lo desmintió.
En 2012, la soja en el Mercado de Chicago alcanzó precios récords, hasta 655 dólares la tonelada. Ese valor superó el máximo de 610 dólares del 3 de julio de 2008.
No existe un solo tipo de economista. Los conocidos son aquellos que no ejercen de economistas. Son hombres de negocios que se dedican a comercializar información económica. Se dedican a la futurología abusando de la inocencia de la opinión pública. En realidad, ejercen lobby, presionando. Sostienen un discurso que exponen como técnico pero resulta fundamentalmente político e ideológico. La economía no es una ciencia exacta como muchos de esos profesionales hacen creer a la mayoría. Las recetas que ofrecen siempre son sencillas y prácticas con resultados inmediatos y efectivos. Esas pócimas se bebieron en muchos países con consecuencias sociolaborales desastrosas. Pero no se rinden y siguen con el mismo libreto.
En el mundo financiero no existe ninguna moral. Lo único que importa es multiplicar el dinero infinitamente. La ambición desmedida es el motivo para entender el comportamiento de inversores especulativos, financistas, banqueros y empresarios. La lógica del funcionamiento del negocio financiero no tiene moral ni ideología. Tienen impunidad, se trata de un negocio. Son contratados. Les pagan sus honorarios, difunden sus pronósticos y después no reciben reclamos por los resultados. Han travestido el trabajo del economista. Dicen qué va a pasar en la economía. Eso es absurdo. Su tarea es adivinar el futuro como las brujas, tarotistas y astrólogas.
Estos mentirosos recorren medios de comunicación, despachos de bancos y empresas, y llegan a ocupar puestos relevantes en gobiernos e instituciones financieras internacionales. La omnipresencia en los medios de comunicación y en ámbitos empresarios de esos sujetos, confunde, demora el análisis profundo de los procesos económicos.
En los últimos 10 años, se llenaron la boca con sentencias fulminantes que no se verificaron, como la posibilidad de otro corralito, la inminencia de déficit comercial por la caída de las exportaciones y los precios internacionales de los commodities. También asustaron con despidos y suspensiones masivas. No hubo año en que no hayan anunciado la inminencia de una crisis de proporciones. En los hechos manifiestan limitaciones de la historia reciente y relacionarlos desde el análisis económico con los procesos sociales, políticos y culturales.
Los economistas neoliberales y la teoría ortodoxa se han convertido en una secta. Explican sus fracasos en que la realidad no se ajusta a la teoría. Por eso los pronósticos fallan, porque la economía no funciona como ellos piensan que debería funcionar. La exageración de la situación, la sensación de caos y el irremediable destino de futuro negro colabora para consolidar el poder económico. La incertidumbre y el peligro a caer al precipicio son acentuados por el constante mensaje de una crisis inminente. El miedo es el mejor escenario para los poderes fácticos. Esos corruptos quieren la crisis para la Argentina. Les conviene para proteger sus intereses. Lo único que les importa es defender sus privilegios. Su dogma afirma que el poder político debe estar al servicio de los economistas preferidos del establishment, con buena llegada al mundo de los negocios globalizados y vínculo directo con el Fondo Monetario Internacional. Nada debe hacerse para inquietar las corporaciones y a los financistas internacionales. Por eso, para ellos,  lo decisivo en un gobierno es elegir un ministro de Economía que sea miembro del selecto club de los confiables para el poder económico.



                                                                             Maximiliano Reimondi

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