sábado, 28 de julio de 2012


                                                ALDEA




Cierto acuerdo de la tierra y el pie

sobre las colinas romanas

y ese sosiego fugitivo y turbador

que a ella lleva la noche

el grito de los bencejos en el cielo verde.

Y ese momento sutil en que el cielo huye

lleno de oro y bruscamente gira

y nos muestra el instante de otra faz

colmada de estrellas incandescentes

de olor a humo, a árbol y agua que sube

en las tierras y las noches.

El grito de las cigarras y el calor

los perros que reclaman la madera de los últimos carros

las voces de los granjeros y los caminos inundados de sombra

entre los lentiscos y los olivares.


                                                                           Maximiliano Reimondi

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