sábado, 4 de agosto de 2012


                                 HOMICIDIOS EN ROSARIO

El negocio de la droga se ha extendido de tal manera que ha provocado una saturación de los territorios y se ha vuelto más difícil de controlar. Pero esa expansión tiene límites porque no hay clientes para todos y la capacidad territorial es limitada. Por eso se producen fricciones que se dirimen de manera violenta, armada, con homicidios. Las autoridades deben concientizarse del alto crecimiento de asesinatos registrado en Rosario en el último año, cifra que se elevó en un 40 por ciento. Claro que no es la única causa de la alta criminalidad. La presencia de chicos muy jóvenes, marginales, vulnerables, que tienen acceso a armas y construyen sus identidades en torno a la pertenencia a determinado barrio o a bandas a través de la violencia, es otro de los orígenes del fenómeno.

 Así como hay un alto incremento (de homicidios) en relación a años anteriores, ha bajado la tasa de hechos cometidos en ocasión de robo. Si el año pasado ese rubro orillaba el 16 por ciento, hoy no supera el 10. Los que crecen son los asesinatos por enfrentamientos en los que aparecen, como víctimas o victimarios, personas ligadas a economías delictivas, principalmente al tema de las drogas; y por otro lado el de los pibes de entre 16 y 23 años que dirimen la construcción de sus identidades de manera violenta.

 Esos jóvenes pertenecientes a sectores populares donde la vulnerabilidad de la vida es máxima, si sobreviven, si no caen presos o son estigmatizados por su incursión en el sistema penitenciario, logran rescatarse, formar una familia y seguir la vida, lo que desmiente la idea de la carrera criminal. Esos chicos, de entre 16 y 23 años, son los nacidos en la década del 90, época de la Argentina del desempleo, la corrupción y el corrimiento del Estado. Son los jóvenes de una generación que nunca vio trabajar a sus padres y que son resultado de un fenómeno socioestructural cuyas consecuencias concretas estamos viendo ahora con curvas frustrantes que muestran inequidad social y delitos.

 Hoy se ven las consecuencias de la errónea política que en esa época aplicó la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico) a partir de los lineamientos ordenados por la DEA de Estados Unidos. La cocaína dejó de traerse elaborada desde Bolivia y empezaron a aparecer en el país las cocinas en las cuales, en un pequeño espacio y con un par de bidones de precursores se elabora la droga. Eso hizo que se diversifique la producción en lo territorial y, de pasar de una producción centralizada, se reparta por todos los rincones del país.

En este sentido, ese cambio en el negocio hizo que se multiplicaran las personas vinculadas a la venta de drogas reproduciendo un sistema parecido al de la economía informal. Así como aparecieron quioscos, almacenes y remises por todos lados como mecanismo de subsistencia popular, esa informalización alcanzó a lo delictivo y al comercio de drogas.

 Desde ese punto de vista, se nota una mayor accesibilidad al negocio y si antes eran dos o tres personas las que controlaban el tráfico de drogas en la ciudad, lo que era más fácil de controlar desde el Estado, hoy son muchos en un territorio limitado y con clientes limitados por lo que las disputas por esos espacios crecen y se dirimen violentamente y con muertes.

No obstante, hay que resaltar que los homicidios de gente vinculada claramente al narcotráfico no representa el total del aumento de los crímenes producidos en Rosario en el último año, sino que el mayor número lo dan esos pibes marginales, expuestos, con débiles vínculos con el Estado, que construyen sus identidades a través de la violencia, accediendo a las armas y con una lógica muy particular en territorios donde la policía y las instituciones están muy desprestigiadas.

Esos homicidios son difíciles de prevenir con las políticas de intervención tradicionales y a futuro, el Estado debe crecer cuantitativamente con intervenciones en los barrios para abordar a los jóvenes que ya participan de la economía delictiva buscando que construyan otros tipos de identidades, relaciones, vínculos y reconocimientos que compitan contra la violencia.

Según fuentes oficiales, en lo que va de 2012 se cometieron en el departamento Rosario 100 homicidios, de los cuales sólo 1 de cada 10 fueron en ocasión de robo. Eso implica un gran aumento en relación a los registrados el año pasado.



                                                                             Maximiliano Reimondi

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