viernes, 21 de noviembre de 2014

HERNÁN SALINAS



Murió a la edad de 46 años, el 21 de noviembre de 2003. Quedó identificado con la Orquesta del Tango de Buenos Aires, a la que estaba ligado desde 1980. Con su caudalosa voz de barítono, descolló en una generación de vocalistas en la que sobresalieron como él, por su calidad, intérpretes como Guillermo Fernández y Alfredo Sáez, sobre la huella abierta por Rubén Juárez. Ellos y otros, virtualmente anónimos para el gran público, batallaron en un medio adverso o indiferente, en épocas en las que el tango no era aceptado. Aun así, Salinas pudo lanzar discos de larga duración entre 1977 y 1980. En ellos evidenciaba una temprana madurez. Escuchando su primera placa, grabada en 1977 con el acompañamiento orquestal del pianista Carlos García, sorprende que Salinas cuente entonces apenas veinte años. Vocal y temperamentalmente se mostraba ya en plenitud.
Nacido en Quitilipi, Chaco, el 30 de noviembre de 1956, pero radicado poco después con sus padres en La Matanza, fue cantor aficionado desde la adolescencia. Si bien tomó lecciones de canto durante algún tiempo con un tenor lírico, no tuvo casi estudios musicales ni vocación por desarrollarse en la ópera, a pesar de sus condiciones naturales. Su trayectoria formal en la música popular se inició en 1976, cuando fue elegido para cantar y grabar dos temas semifinalistas en el concurso de la OTI. 
Con un repertorio en el que predominaban los temas tradicionales (“Clavel del aire”, “Golondrinas”, “Mi dolor”, “Sin lágrimas”, “Destellos” y otros), registró en 1977 su primer disco para EMI-Odeón, muy bien secundado por Carlos García, quien con sus arreglos contribuyó al notable nivel de ese disco. Posteriormente, la agrupación Gente de Tango promovió actuaciones de Salinas en el café Tortoni, con el acompañamiento del pianista José Levy, y en el estadio Obras, donde compartió escenario con figuras como Leopoldo Federico y la orquesta de cuerdas de Antonio Agri.
El bandoneonista Raúl Garello lo llevó en 1979 a la televisión, para actuar en el programa “Grandes valores de hoy y de siempre”, que contribuyó más al ocaso que a la recuperación del tango. Aun así, la tevé era el único medio que podía conferir alguna repercusión a un cantor de tango, como se probó en el caso de Guillermito Fernández, o, siempre acotadamente, en los de Raúl Lavié, Jorge Sobral, Susana Rinaldi o María Graña.
En 1980 apareció el disco con la orquesta de Armando Pontier, instrumentalmente más pobre, pero en el que figuran valiosas versiones que Salinas realiza de grandes temas, como “Yuyo verde”, “Trenzas”, “Romance de barrio”, “Garúa” e “Intimas”. También sobresale “Sombra mía”. Luego se concreta la incorporación de Salinas como cantor de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, dirigida por García y Garello. En un comienzo ingresó asimismo el cordobés Francisco Llanos. Años más tarde, junto a Salinas también actuó el notable cantor uruguayo Gustavo Nocetti.
En 1982, Salinas debió interrumpir durante largo tiempo sus actuaciones por una grave enfermedad pulmonar, la misma que acabó ahora causándole la muerte. Pero en su momento logró reponerse y volver a impactar con su voz. En 1992 viajó a París para interpretar, junto a cantantes europeos, la operita María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. También realizó grabaciones propias, con acompañamiento de guitarras o de órgano.


                                       Maximiliano Reimondi

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