viernes, 23 de enero de 2015

Juan Cruz Varela (1794-1839)



Poeta, dramaturgo, ensayista, teólogo, periodista y editor de periódicos argentino, nacido en Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1794 y fallecido en Montevideo (Uruguay) el 23 de enero de 1839. Humanista fecundo y polifacético, cultivó con acierto los géneros literarios más variados y desplegó, a pesar de su breve existencia, una intensa labor de promoción y animación cultural que le convirtió en una de las figuras cimeras de la intelectualidad de su tiempo. Implicado también en el servicio a la Administración pública de su joven nación, fue uno de los intelectuales pioneros en señalar la existencia de una cultura específicamente argentina, con independencia del vasto legado español.

Vida

Alentado desde su temprana juventud por una viva curiosidad humanística y una decidida vocación literaria, cursó estudios superiores de Teología en la Universidad de Córdoba (Argentina), de donde egresó con el grado de doctor. Poco después de haber concluido esta rigurosa formación académica, Juan Cruz Valera se dio a conocer como escritor por medio de una serie de ensayos filosóficos y poemas heroicos destinados a exaltar la Independencia de Argentina, al tiempo que comenzaba a publicar sus colaboraciones periodísticas en los principales rotativos y revistas del país austral. En su brillante trayectoria dentro del ámbito de la prensa escrita, colaboró asiduamente en las publicaciones El Argos y La Abeja Argentina, donde, ya en calidad de miembro de la Sociedad Literaria (en la que había ingresado en 1821), mostró su empeño por adjudicar a la literatura un papel predominante en la sociedad civil, como encargada de difundir entre los lectores unas pautas modélicas de comportamiento racional que les inculquen la necesidad de sacrificar lo privado en aras de lo público y les enseñen a ejercer su condición de ciudadanos.
Funcionario, por aquellos primeros compases de su carrera literaria y periodística, en el gobierno de Bernardino Rivadavia (1780-1845), pronto pasó a la oposición para enfrentarse abiertamente a las autoridades políticas y, sobre todo, religiosas, a las que hizo objeto de sus agudas y corrosivas sátiras desde las páginas de El Centinela. En su pleno convencimiento de que el humor satírico era una de las vías más eficaces para denunciar y abolir los abusos del poder en cualquiera de sus manifestaciones, ridiculizó a numerosas personalidades de su tiempo y se ganó un considerable número de enemigos, entre los que figuraban fray Luis de Paula Castañeda (difusor de un periodismo gauchesco de sesgo político que ofendía las convicciones estéticas e ideológicas de Juan Cruz Varela) y fray Cayetano Rodríguez (quien, después de haber militado en las filas del progresismo ilustrado, se había escorado hacia posiciones reaccionarias y convertido en uno de los principales adalides de los intereses del clero argentino, al que defendió vehementemente desde las páginas de El Oficial del Día).
Además de El Mensajero Argentino y el ya citado El Centinela, Juan Cruz Varela fundó y editó El Tiempo, diario político, literario y mercantil (1828), desde cuyas páginas continuó insistiendo en la necesidad de dirigir toda la carga cómica de sus sátiras contra el poder. Un año después de la aparición de esta publicación, el escritor bonaerense -ya celebrado como uno de los grandes poetas y dramaturgos de su tiempo- se vio forzado a emprender el camino del exilio rumbo a la capital uruguaya, en donde continuó ejerciendo el periodismo político de oposición junto a su hermano menor Florencio Varela (1807-1848) -a quien él mismo había iniciado en la escritura- y a otros jóvenes autores románticos que conspiraban desde Montevideo contra el régimen tiránico de Juan Manuel de Rosas (1793-1877). Sus briosos afanes cívicos y culturales sólo pudieron ser reducidos por la llegada de la muerte, que le sobrevino prematuramente en la capital de Uruguay cuando llevaba ya diez años en el exilio.

Obra

Juan Cruz Valera se dio a conocer como poeta bucólico y amoroso por medio del poema titulado La Elvira (1817), al que después siguieron otras composiciones de encendido aliento heroico e inflamado ardor patriótico, como su celebérrima Triunfo de Ituzaingó (1827). Diseminada por las páginas de los periódicos y revistas en los que había colaborado asiduamente desde su juventud, su obra en verso quedó finalmente recogida en el volumen titulado Poesías Completas (1831), recopilado por el propio escritor de Buenos Aires desde su exilio montevideano. Dentro de su interés general por la literatura de sus compatriotas -que él fue el primero en considerar como literatura nacional, con derecho a ser tratada como un corpus autóctono independiente de la literatura española-, mostró una especial predilección por el género poético, a cuyo estudio contribuyó poderosamente merced a su selección antológica de la poesía argentina, publicada bajo el título de Colección de Poesías Patrióticas (1828). A pesar de que el propio Juan Cruz Valera definió esta antología realizada por él como "una mezcla confusa de lo bueno, lo malo y lo detestable que tenemos en poesía", lo cierto es que, en contra de los criterios estéticos que habían regulado la mayor parte de su producción periodística, ignoró en esta muestra poética los poemas satíricos y burlescos que abundaban en una antología reciente de Ramón Díaz, titulada La Lira Argentina (1824), así como las composiciones que se servían de la métrica popular, en un intento de dignificar la especificidad de la lírica nacional.
Al margen de estas labores de creación y recopilación poética, Juan Cruz Valera fue sobre todo elogiado en su tiempo por sus piezas dramáticas, que le convirtieron en el más significativo exponente del teatro neoclásico argentino. Siguiendo las propuestas racionalistas del francés Jean Racine (1639-1699), escribió y estrenó en 1823, con gran éxito de crítica y público, la tragedia titulada Dido (Buenos Aires: Imprenta de los Niños Expósitos, 1824), en la que llevaba a los escenarios la renuncia de Eneas al amor de la reina cartaginesa y el empeño del héroe romano en seguir los rumbos marcados por su destino. Un año después, apeló a idénticos esquemas neoclásicos para estrenar una nueva tragedia, Argia, donde ponía en evidencia la lucha por la libertad a través de los enfrentamientos entre Adrasto y Creón. Consagrado, en fin, como uno de los grandes dramaturgos argentinos del momento, en 1825 estrenó Idomeneo, una tragedia basada en argumentos religiosos.
La importancia de la obra poética y teatral de Juan Cruz Valera dentro de las Letras argentinas ha dado pie a numerosas reediciones de sus textos literarios, entre las que pueden citarse las tituladas Poesías de Juan Cruz Valera y las tragedias Dido y Argia del mismo autor (Buenos Aires: Imprenta de La Tribuna, 1879); Tragedias (Buenos Aires: J. Roldán, 1915); Poesías (Buenos Aires: Imprenta Rosso y Cía, 1916) -con noticia biográfica y prólogo de Vicente D. Sierra-; Poesías completas (Buenos Aires: Sopena, 1939); y Poesías (Buenos Aires: Estrada, 1943) -con estudio preliminar del escritor Manuel Mujica Láinez (1910-1984).


Autor: J. R. Fernández de Cano.

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