martes, 9 de diciembre de 2014

Martín Gil


Fue abogado, político y prolífico escritor. Con una especial afición por la astronomía y la meteorología, actuó a principios del siglo XX tanto en Córdoba como en Buenos Aires.
Nació el 23 de octubre de 1868 en la ciudad mediterránea, tres años antes de la inauguración del Observatorio Nacional Argentino con SEDE en la misma.
Perteneciente a una familia con un buen pasar económico, hijo de Isaías Gil y Secundina Martínez Carranza. Su padre fue un importante abogado, profesor universitario, Diputado Nacional por Córdoba (1884-1888) y autor del proyecto de Ley Orgánica de los Tribunales y del Código de Procedimientos Civil y Comercial de la provincia de Santa Fe (1888).
Estudió abogacía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Se casó con Ernestina Centeno con la que tuvo cuatro hijos.
Durante la gobernación de Ramón J. Cárcano, entre los años 1913 y 1916, Martín Gil se desempeño como Ministro de Obras Públicas en la provincia de Córdoba, por el partido conservador “Concentración Popular”.
En 1924 fue elegido Senador Provincial y desde 1926 hasta 1930 fue Diputado Nacional por Córdoba por el Partido Demócrata.
Gil es un reconocido escritor. Abordó la literatura y la prosa costumbrista, de leve humor. Sus obras fueron: Modos de ver (1903), Agua Mansa (1905), Cosas de arriba (1909), Prosa Rural (1912), Celestes y Cósmicas (1917), Mirar desde arriba (1930), Un anillo desaparecido (1930), Milenios, Planetas y Petróleo (1936), además de un gran número de artículos publicados en diarios y revistas. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

Aficionado a la ciencia

Como aficionado de las ciencias del cielo y la atmósfera, se destacó por su labor como divulgador, produciendo numerosos artículos periodísticos sobre diversos temas y anunciando noticias de interés para el público. Tomó  especial notoriedad a PARTIR de 1907, año en que comienza a publicar regularmente en el periódico porteño “La Nación”.
Su excelente relación con la prensa llevó a que tanto en Córdoba como en Buenos Aires, fuera a quien se CONSULTABA por cuestiones astronómicas o meteorológicas, aún antes que al propio Observatorio Nacional Argentino (ONA) o la Oficina Meteorológica Argentina (OMA). Como ejemplo de esto, pueden señalarse varios artículos publicados en “Los Principios” de Córdoba, entre los cuales el más significativo es el del 25 de junio de 1923, titulado “Don Martín Gil nos habla del incendio observado en el cielo”, oportunidad en la que se lo CONSULTA sobre una noticia con origen en el Observatorio de La Plata, referido a la aparición de una nova, mostrando claramente que éste era el referente y no el Observatorio local. Sus artículos eran leídos y valorados en gran parte del país.

 Martín Gil no trabajó en el Observatorio Nacional

Algunos autores han señalado incorrectamente que cumplió tareas en el ONA. No existe ninguna referencia a M. Gil en los libros de sueldos, ni en los copiadores existentes en la institución. Además, la lectura de la correspondencia entre Perrine – George E. Hale deja en claro que no trabajó en el observatorio.
La confusión probablemente parte de su gran presencia en los medios de prensa de la época, los que con frecuencia mezclaban los dichos de Gil con la información dada por el ONA. Muestra de esto es la nota aparecida en “Los Principios”, el 24 de octubre de 1926, referida al 55 aniversario del Observatorio, en la que se incluye una fotografía de Martín Gil entre las de los directores y empleados de la institución. El propio Martín Gil toleraba esa errónea situación.

El observatorio

Martín Gil instaló en su vivienda, ubicada en Av. Argentina 104, un pequeño observatorio, con una cúpula giratoria que daba cobijo a un refractor Zeiss con objetivo triplete de 180 milímetros de diámetro y 2.540 mm de distancia focal. Contaba con montura ecuatorial y sistema de seguimiento – controlado por un regulador de fuerza centrífuga –, además de diversos accesorios: helioscopio de un prisma, espectroscopio estelar, ASÍ como varios filtros. Se trataba de un telescopio muy considerable para la época.


                                                               Maximiliano Reimondi

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